sábado, 8 de abril de 2017

ELECTRIC WARRIOR - T. REX

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Hay discos que se meten de golpe en tu vida sin preguntar y lo hacen para quedarse, otros llaman a la puerta hasta que subes el volumen y les dejas entrar. Este en mi caso es de los primeros, desde el primer momento llegó muy fácil a mis oídos de trece o catorce años cuando lo escuché por primera vez. Fue gracias a la película (peliculón) de Billy Elliot por lo que descubrí a Marc Bolan y sus T. Rex, y ver a Tony, el hermano de Billy, bailar y cantar de aquella manera este disco mientras pasaba la aspiradora, me dio ganas de muchas cosas. Entre otras, fue uno de los motivos que me impulsaron a comprar vinilos. Pero bueno, vamos con el álbum, que es el verdadero protagonista.
Lo primero, esa portada. Aparte de ser una de mis favoritas junto a otras como la censurada del Appetite For Destruction, Exile On Main Street o el Highway To Hell, me parece una absoluta genialidad. Con el fondo negro y la silueta de Marc Bolan y el amplificador detrás suyo, consigue con toda su simplicidad arrancar de cuajo una considerable cantidad de sentimientos del bicho humano que la esté contemplando en cada momento. No te dejará indiferente. Mirando la portada, ya sabes de qué va a ir el disco. Nunca fue más sencillo; nunca fue mejor.
Lo segundo, la música. Que es lo que le da sentido a esto, vaya.
Mambo Sun, pese a su aparente sencillez, se te mete de lleno hasta dentro, sin avisar. La estructura, simple pero efectiva hasta matar, entra sin llamar y lo hace para quedarse: cuando te das cuenta, ya te ha enganchado. A continuación, la suave voz de Bolan acompaña de forma deliciosa a esos maravillosos acordes que iluminan Cosmic Dancer, una auténtica joya rebosante de belleza que te atrapa y te cautiva, provocando el mismo efecto que el de una playa donde tú y el mar tenéis una cita: ya no podrás olvidar esa sensación. En cuanto a la letra, es difícil transmitir tanto con tan poco. Jeepster recuerda que esto se llama glam rock, y que con T. Rex estamos ante uno de los reyes indiscutibles del género. A golpes de un furioso y abrumador riff, la canción ofrece una fuerza incontestable y es pegadiza a morir, demostrando que no siempre es necesario un tapping a lo Eddie Van Halen en esto del rock and roll cuando el alma y el corazón ponen el resto. Monolith es otro sólido argumento de por qué hablamos de un gran disco, con un gran ejercicio vocal por parte de Marc para cerrar uno de mis favoritos del álbum. La maravillosa Lean Woman Blues cierra una adictiva primera cara que convierte a creyentes y ateos.
Todos conocemos Get It On, una de esas canciones que son peligrosas si se escuchan demasiado. Libérate de ese riff si es que puedes. El "gran éxito" de T. Rex para el gran público, una maravilla más para los que conocemos de verdad al grupo. Planet Queen nos contagia su rabia, es otro trallazo directo a la escuadra. Sumamente pegadiza, es inevitable cantar el "Gimme your daughter" del estribillo. También hay momentos de calma, como en la espléndida Life's A Gas, donde Bolan se desnuda en una letra estremecedora: "podría haber encadenado tu corazón a una estrella, pero ya no importa en absoluto, la vida es un gas, espero que dure." No le duró mucho al bueno de Marc, que murió en aquel fatídico accidente de coche seis años después de este disco. Pero el final no podía ser triste, por eso viene Rip Off al rescate con ese cóctel de rock and roll sucio y pegadizo como pocos para devolvernos a la realidad del estilo que de manera inconfundible caracteriza a los T. Rex. Gran final para un disco que demostró que en el rock and roll no todo iban a ser largos solos de Duane Allman, líneas de bajo imposibles de John Entwistle o baterías convertidas en apisonadoras a lo John Bonham. Electric Warrior, simple pero efectivo. Y otro de los discos de mi vida

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